Jennifer, la joven de Turbana que apuesta al campo

Cuando Jennifer Sánchez Pájaro escucha las palabras siembra y tierra, no deja de repetir: “Me encanta”, como si le hablaras de una serie de televisión, una canción o su helado favorito.

Si solo la escuchas, sin saber su edad, pensarías en una persona mayor que proclama su amor por el campo, da lecciones sobre qué es clave para una cosecha exitosa y reprende a los jóvenes por perder tanto tiempo en las calles. Te equivocarías, Jennifer solo tiene 17 años, vive en Turbana, está en noveno grado y su amor por el campo es absolutamente genuino.

“Todo comenzó por una tierrita que dejaron mis bisabuelos, mi mamá me llevaba todos los días y mientras ella sembraba y recogía la cosecha, yo le cogía amor a esa labor, de verdad me encanta”, repite Jennifer en medio de decenas de voces de personas convocadas en una nueva edición del Mercado Campesino Turbana Somos Todos.

De cultivar le gusta el proceso, pero sobre todo la cosecha, cuando llega el momento de recoger los productos de su esfuerzo y constancia. “Hay tres cosas que me gusta sembrar: la yuca, el maíz y la berenjena. De la berenjena me encanta comerla, mi mamá la hace muy rica; la yuca es la sensación de arrancarla cuando está lista…”, narra Jennifer emocionada.

En la tierrita de su familia se siembra yuca, maíz, papaya, frijolito y plátano, entre otros productos, y cuando le preguntamos cuál es la clave para una siembra con buenos resultados, Jennifer baja la voz y nos cuenta. “Al maíz, por ejemplo, hay que hacerle un hueco… un metro por cada mata, tres o cuatro granitos de maíz, eso germina y hay que esperar hasta que llega la mata. Son unos tres meses. Ya sembrado hay que esperar que le caiga agua lluvia… o hacer la siembra en terrenos húmedos, para que se fortifique más, coja más fuerza. Donde no llueve mucho el maíz sale “granolejo”, o sea le sale un grano lejos del otro, sale uno aquí otro allá… Cuando hay lluvia o el terreno es húmedo, el grano es grande”, cuenta.

Jennifer y su abuelita hacen parte de Agrotur, una asociación de pequeños agricultores de Turbana, y aunque la tierra la apasiona y está convencida de querer dedicarse al campo, no pierde de vista que la educación también es prioridad.

“Estoy en noveno de bachillerato y estudio de 8 a 1 de la tarde, así que los días de semana no voy al campo, voy los sábados y domingos, me levanto a las 5:30 y a las 6 de la mañana ya estoy allá, la jornada va hasta el mediodía”, asegura Jennifer, quien a la pregunta sobre si preferiría levantarse un poquito más tarde los fines de semana, respondió con un contundente “hay jóvenes que se van a la calle a buscar peligro, yo en cambio me voy a sembrar lo que el municipio va a comer, a sembrar el alimento que necesitamos”.

El mejor momento en el campo para Jennifer es cuando recoge la cosecha, “me dan ganas de sembrar más, uno se llena de fuerzas y le da gracias a Dios. A los jóvenes les digo que tengan amor al campo. Ver cómo el producto va creciendo, es maravilloso. Jóvenes regresen al campo, cultiven”. 

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Por Francys Caballero.

El llamado es a “pararle bolas a la cultura”, “a tratar la seriedad” con la cultura. Estos dos últimos años nos demostraron que no es un gasto, es una inversión, una inversión en la salud mental, en el desarrollo de los pueblos y del ser humano.

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