Ximena Silva nos recordó que el liderazgo no se trata de tener todas las respuestas, sino de construirlas junto a otros. Desde el ser, la coherencia y el servicio, invitó a los líderes comunitarios a convertirse en puentes de esperanza y transformación para sus territorios

"Un líder no necesita ser perfecto, necesita ser consciente": Ximena Silva

La líder de Desarrollo Humano y coach acompañó la clausura de la Escuela de Transformación Comunitaria con una reflexión sobre coherencia, servicio, esperanza activa y construcción de puentes.

Para Ximena Silva Rodríguez, líder de Desarrollo Humano y coach de Seres Consulting, el liderazgo comunitario empieza mucho antes de una reunión, una convocatoria o un proyecto. Empieza en la forma en que una persona se escucha, se regula, sostiene conversaciones difíciles y decide poner sus capacidades al servicio de otros.

Esa fue una de las ideas centrales de su intervención durante la clausura de la segunda cohorte de la Escuela de Transformación Comunitaria de Colectivo Traso, donde orientó la charla magistral “Liderazgo desde el SER para la Transformación de Cartagena”.

Silva hace parte de Seres Consulting, una firma cartagenera dedicada a la gestión del talento humano, el desarrollo organizacional y los procesos de aprendizaje. Desde su experiencia como socia consultora, diseñadora de experiencias de aprendizaje y coach, ha acompañado procesos de liderazgo impulsados por Colectivo Traso y otros aliados de la ciudad.

En esta conversación, comparte su mirada sobre el liderazgo que necesitan los barrios, la importancia de unir generaciones, el papel de las mujeres en los procesos comunitarios y los compromisos que deberían sostener quienes lideran desde los territorios.

Desde su experiencia, ¿qué cualidades definen a un buen líder comunitario?

Las cualidades pueden ser muchas, pero yo las resumiría en tres. La primera es la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Un líder coherente honra los valores que promulga, es referente para su comunidad y vive en sus hábitos cotidianos esa transformación que quiere ver en su territorio.

También diría que un buen líder es una persona que sirve. Ese servicio no significa entregarse hasta desaparecer, sino poner la vida, los talentos y las capacidades al servicio de la comunidad que quiere transformar.

Y hay una tercera cualidad fundamental. El líder cultiva su interior, porque el liderazgo es de adentro hacia afuera. Es alguien capaz de autorregularse, mediar conflictos, tener conversaciones difíciles sin romper el vínculo con las personas y dar dignidad a otros escuchándolos.

Usted habló del liderazgo desde el ser. ¿Qué significa esa idea en un proceso comunitario?

El liderazgo desde el ser significa entender que antes de transformar el entorno, necesitamos mirar lo que está pasando dentro de nosotros. En la Escuela se trabajó mucho esa mirada interna. Cómo soy, cómo estoy, cómo enfrento las dificultades, cómo interpreto mi historia y qué me llevó a convertirme en líder comunitario.

Un líder desde el ser escucha, une y no divide. No necesita ser perfecto, necesita ser consciente. Consciente de sus palabras, de sus gestos, de sus decisiones, de sus heridas y de la forma en que entra a una conversación.

Cuando hablamos del ser, hablamos de esa base invisible que sostiene lo visible. La gente puede olvidar una reunión o una presentación, pero no olvida cómo se sintió al lado de un líder. Si fue escuchada, si su voz tuvo lugar, si fue tratada con dignidad.

Durante su intervención les propuso tres compromisos a los líderes. ¿Cuáles fueron?

El primero fue no perder el sentido y el propósito por el cual llegaron a ser líderes. Todos tienen una historia personal que los movió. Puede haber sido una situación de injusticia, una persona que los inspiró o una realidad de su comunidad que les despertó el deseo de servir.

El segundo fue construir puentes. Puentes entre barrios, entre generaciones, entre aliados, entre personas que piensan distinto. Las diferencias siempre van a existir, pero el liderazgo maduro permite que, aun en medio de una discusión, el vínculo no se rompa.

El tercero fue sembrar esperanza, pero una esperanza activa. Una esperanza que llega temprano a las reuniones, que planea, que decide, que participa, que hace seguimiento, que reconoce errores y sigue. Cartagena necesita una esperanza firme, pero no endurecida.

¿Por qué es tan importante que en estos procesos participen personas de distintas edades y localidades?

Porque en nuestra sociedad existen muchas diferencias y siempre van a existir. Un verdadero líder es capaz de unir esas diferencias, convocarlas y generar sinergias en la comunidad.

En esta formación participaron personas de distintas localidades de Cartagena, jóvenes y adultos mayores, personas con historias y experiencias muy distintas. Cuando esas miradas se encuentran, aparece una perspectiva más amplia para construir.

Esa diversidad permite imaginar y trabajar por una ciudad más digna, más sostenible, más ética, más honesta y más transparente. Para lograr un propósito común, necesitamos escuchar todas las ideas y reconocer que cada generación tiene algo que aportar.

¿Qué papel cumplen las mujeres en estos espacios de liderazgo?

El papel de las mujeres en el liderazgo es muy importante. Las mujeres tenemos una sensibilidad distinta, una forma particular de mirar, cuidar, sostener y abordar las situaciones. Esa sensibilidad es clave para resolver conflictos, unir y construir comunidad.

Creo que las mujeres somos gestoras de vida y tenemos una gran responsabilidad en el sostenimiento de la sociedad y de la comunidad. Liderar también es cuidar los vínculos, abrir espacio para otras voces y sostener procesos que muchas veces necesitan paciencia, escucha y firmeza.

Usted insistió mucho en la importancia de construir puentes. ¿Qué implica eso para un líder comunitario?

Construir puentes significa entender que el liderazgo no puede trabajarse en soledad. La red que se construyó durante esta formación es uno de los activos más valiosos del proceso. Es una red entre líderes, empresas, aliados, facilitadores y familias.

Esa red hay que cuidarla. Hay que llamarse, preguntarse qué proyectos hay, cómo se pueden apoyar, qué capacidades pueden compartir. Cartagena necesita impacto colectivo, y eso solo ocurre cuando dejamos de vernos como actores separados y empezamos a reconocernos como aliados por la transformación de la ciudad.

¿Qué mensaje les deja a los líderes y lideresas que culminaron este proceso?

Les diría que no se cansen. Que insistan. Que vuelvan a levantarse después de cada situación difícil. Que sostengan este proceso y cuiden el tejido social que construyeron, porque ahí hay apoyo, unión y fuerza.

Cuando se sientan cansados o se pregunten si vale la pena tanto esfuerzo, únanse. Al unirse, vuelven a su centro, a su propósito y a esa llama que un día despertó las ganas de servir.

El servicio es el fundamento. Un servicio hecho con amor, con entrega y con resultados. Eso es lo que necesita Cartagena. La esperanza de muchas comunidades está en sus líderes comunitarios, en cada barrio, en cada territorio y en cada persona que decidió formarse para transformar.

 

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