Organizaciones de base comunitaria, claves para la comunicación e implementación de proyectos sociales en momentos de crisis

Por Miguel Caballero Villarreal
Coordinador de Gestión con Comunidades

Es evidente en estos tiempos de pandemia generada por la COVID–19, la gran ruptura en las relaciones y el tejido social, situación que invita a promover y generar alternativas que busquen acciones ciudadanas, solidarias y colectivas, acompañadas de cambios que se deben caracterizar por ser de orden sistémico, que generen impactos de carácter multidimensional en las mismas comunidades.

En este sentido, las relaciones con las organizaciones comunitarias de base juegan un papel fundamental en función de tejer relaciones humanas, sociales y políticas, que promuevan el trabajo colaborativo y solidario desde las casas, las calles, las manzanas, el barrio y el sector.

Se plantea que todo proyecto u acción que se desarrolle en un territorio definido, sirva para empoderar a sus organizaciones y líderes, desarrollando procesos formativos a partir de la necesidad sentida y manifiesta por ellos. Esto obliga a las organizaciones y a sus líderes a adquirir un conocimiento más estructurado y detallado del territorio y su gente; a romper las cadenas de las divisiones y los protagonismos existentes, volviéndose así elementos esenciales en el momento de plantearse apuestas de desarrollo local. En este sentido, juegan un papel determinante las familias, los liderazgos sociales y comunitarios, como estrategia de apoyo y dinamización de acciones para su misma comunidad.

Se propone hacer del proyecto o la acción a desarrollar en la comunidad, un medio para acercarse a sus líderes y organizaciones, avanzar en procesos colectivos y de construcción social del territorio, en el marco de la planeación y gestión del desarrollo local, transversalizados por un sistema de comunicaciones y evaluación, monitoreo y seguimiento.

El auspiciador del proyecto o acción en la comunidad debe tener claro, que su intervención es un medio para generar procesos educativos en los actores sociales que en su interior actúan y no un fin, visto desde los resultados visionados desde el proyecto o la acción. Lo ideal es que al finalizar un proyecto u acción en la comunidad pudiésemos identificar con claridad los cambios generados en las formas de relacionarse y los cambios generados por la misma gente en lo referente a sus condiciones sociales. Nadie cambia a nadie, el cambio es una decisión personal.

Estimular o dinamizar la participación ciudadana, buscar el involucramiento de los individuos, en la solución de sus propios problemas, conduce a la creación de otras formas de relación con el Estado y con la sociedad civil.

En síntesis, la propuesta es educarnos para tener un diálogo confiado, que nos permita juntos avanzar en las diferencias y construir sobre acuerdos, para incidir sobre las desigualdades sociales y acercar de una mejor manera lo público y lo privado con lo comunitario, bajo el precepto que si conversamos podemos llegar a acuerdos y que todos tenemos algo que aprender del otro. Al final, todos debemos ganar, aún más en las cosas que nos hacen diferentes.

*Se soporta este escrito en apartes de las estrategias del planificador Guillermo León Moreno Soto, docente Universidad de Antioquia y director del Centro de Estudios de Opinión – CEO sobre las organizaciones vecinales.