“Esta jornada nos permitió pasar de la intención a la acción”: Andrés Rivera, gerente de Producción y Manufactura en Corteva
Corteva destacó esta jornada de voluntariado ambiental que movilizó a 23 personas, entre 15 colaboradores de la compañía y 8 integrantes de la comunidad de Ararca, para la siembra de 500 mangles, en el marco del Día de la Tierra.
“Esta jornada nos permitió pasar de la intención a la acción”, de esta manera Andrés Rivera, gerente de Producción y Manufactura de Corteva Agriscience en Colombia, resumió el sentido de la jornada de restauración de manglar realizada en Ararca, corregimiento insular de Cartagena, en el marco de la conmemoración del Día de la Tierra, una iniciativa desarrollada junto a Colectivo Traso.
“Ver a nuestro equipo trabajando junto a la comunidad por la restauración del manglar reafirma que el voluntariado tiene sentido cuando se conecta con el territorio, con el aprendizaje y con una apuesta compartida por el cuidado ambiental. Para nosotros, participar en este tipo de espacios también fortalece la manera en que construimos relaciones de largo plazo con las comunidades”, agregó Andrés.
Desde su perspectiva, la experiencia fue mucho más que una actividad ambiental. Esta siembra de manglar junto a la comunidad fue una manera concreta de vivir el compromiso con la sostenibilidad y una ocasión ideal para que el equipo de la compañía compartiera con el territorio, entendiera el ecosistema y aportara con su trabajo a fortalecer el ambiente y el relacionamiento con las comunidades.
La jornada reunió a 23 personas, entre colaboradores de Corteva y habitantes de Ararca, quienes participaron activamente en la siembra de 500 plántulas de manglar, contribuyendo a la recuperación de un ecosistema clave para la protección de las zonas costeras. En total, la actividad dejó un balance de 138 horas de voluntariado ambiental, puestas al servicio del territorio y de su resiliencia ecológica.
Una experiencia con múltiples valores diferenciales
Uno de los valores diferenciales de la experiencia fue la combinación entre conocimiento y acción, pues no se trata solo de sembrar árboles sino de entender por qué los manglares son esenciales, cómo protegen la costa, cómo capturan carbono y cómo su cuidado impacta directamente la vida de las personas. Sin duda, esa conexión transforma la manera en que se asume la responsabilidad ambiental.
La jornada inició en el vivero comunitario, con un espacio de formación sobre los tipos de manglar, sus funciones ecológicas y su importancia para la biodiversidad. Posteriormente, los participantes se trasladaron al área de siembra, donde recibieron una contextualización ambiental del territorio antes de iniciar el trabajo en campo. Este proceso permitió que el voluntariado se viviera como una experiencia consciente, cercana y profundamente conectada con la realidad local.
Los manglares son aliados fundamentales frente al cambio climático, pues protegen las costas de la erosión y el oleaje, y contribuyen significativamente a la captura y almacenamiento de carbono. Gracias a la restauración realizada durante esta jornada, se estima que el ecosistema recuperado tiene el potencial de aportar oxígeno a 8.571 personas, un impacto ambiental que evidencia la importancia de este tipo de acciones colectivas.
Desde Colectivo Traso, la jornada reafirmó el valor de las alianzas que conectan empresa, comunidad y sostenibilidad. El voluntariado permitió fortalecer relaciones, intercambiar saberes y demostrar que la corresponsabilidad ambiental genera resultados tangibles cuando se construye desde la confianza y el trabajo conjunto.
“Cuando las empresas se comprometen de verdad con el territorio y trabajan de la mano con organizaciones sociales y comunidades, los impactos se multiplican. Este tipo de experiencias no solo dejan manglares sembrados; dejan aprendizajes, vínculos y una visión compartida de futuro”, destacó David Carmona, director de Ciudadanía Sostenible de Colectivo Traso.
Con iniciativas como esta, Traso y Corteva reafirman su compromiso con una sostenibilidad que se vive desde la acción, la participación y la construcción conjunta, entendiendo que cuidar la Tierra también implica crear experiencias significativas que movilicen a las personas y fortalezcan el tejido social.