El voluntariado ahora viaja por la web

Por Melissa Campo Solano, Coordinadora de Voluntariado corporativo de TRASO.

El 2020 sigue siendo un año memorable para todos. Sin duda alguna, fueron doce meses retadores que marcaron un hito en la historia reciente de la humanidad, un antes y un después. 

De interactuar presencialmente con los demás en diferentes lugares y espacios pasamos a estar 100% conectados desde la virtualidad. Pasamos de utilizar Zoom o Teams solo para reuniones de trabajo estrictamente necesarias a volcar todo nuestro quehacer a estas plataformas y hasta a celebrar fechas especiales con nuestros seres queridos; de conocer una plataforma digital a explorar cientos de ellas, convirtiendo nuestros abrazos en emoticones y nuestro conocimiento en presentaciones.  

Sin embargo, en medio de algunas dificultades, se abrieron puertas a grandes oportunidades y nuevas formas de construir tejido social de manera distinta, quizá más incluyente, pero sobre todo rompiendo los esquemas tradicionales de nuestra gestión como profesionales. Así lo vimos a través de las diferentes iniciativas que adelantamos desde el programa de Voluntariado de Colectivo Traso. 

El voluntariado más allá de conceptos establecidos, su definición se expresa con el corazón y las acciones, y es compartir nuestro tiempo, nuestro conocimiento, nuestro amor, nuestra vocación con quienes más lo necesitan, y en Colectivo Traso se concibe como esa fuerza que mueve una verdadera cultura de solidaridad a través del servicio hacia los demás. 

En 2020, incursionamos nuestras acciones de voluntariado corporativo desde lo digital, lo que nos permitió conectarnos con cientos de hogares y comunidades con las que no habíamos trabajado antes. Algo de lo que nos sentimos muy orgullosos, pues esto permitió llevar la solidaridad a muchos lugares recónditos, incluso aquellos que año tras año no tenían la oportunidad de ser impactados con este tipo de iniciativas, por limitaciones como el desplazamiento.  

Una de las principales ventajas que ofreció la implementación del voluntariado digital fue la de brindar una mayor flexibilidad de horario, así como una oferta abierta que permitió a los colaboradores de las compañías ser parte de ello, desde cualquier región o cualquier rol, es decir, desde el operario hasta el CEO de la empresa pudieron vincularse, ¡Pueden creerlo! Sí, sin duda alguna el voluntariado digital ha roto todas las barreras y los esquemas, incluso nos ha demostrado que, con una buena planeación y la minimización de riesgos, como lo ha sido la conectividad, cualquier persona pueda participar. 

Desde Traso, nos hemos enfocado en aprender y reconocer en el otro sus virtudes. Esto ha significado tomarnos el tiempo para escuchar a otros acerca de cómo lo han hecho, qué ha funcionado y qué no en sus programas de voluntariado digital. Desde hacer alfabetizaciones digitales en comunidad, hasta llevar lo virtual a lo rural, al campo. Esto ha sido un camino de grandes retos, pero sobretodo de provechosos aprendizajes, y los resultados están hablando por sí solos. 

Ciertamente, la virtualidad llegó para quedarse y nosotros de lo que estamos seguros es que, para generar transformaciones sociales, es necesario trabajar como colectivo y aliarnos de estas nuevas herramientas para seguir apoyando las necesidades de otros y transformar sus realidades. 

Cierro este escrito, invitando a todos a seguir sumándose a las acciones de voluntariado que se adelantan desde Traso, a que seamos ejemplo e inspiración para otros. En mi caso personal, la inspiración ha sido Jesús, el voluntario y servidor por excelencia, que no “vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en redención de muchos” (Mt 20, 28). Sigamos impactando vidas desde cualquier lugar o condición en la que nos encontremos.

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