El poder del dar

Por Francys Caballero Poveda, coordinadora de Relacionamiento de TRASO Colectivo de Transformación Social.

Muchas son las lecciones que este año que ya casi termina, nos ha dejado. Lecciones sobre la salud física y mental, lecciones en la economía, en lo social, en el ámbito laboral, en la educación, en las relaciones interpersonales; lecciones sobre la vida misma. En medio de todas, hay una lección que considero muy valiosa, y que logró mover fibras a tal punto de unirnos y conectarnos en medio del aislamiento y el distanciamiento físico: El poder del dar. 

Generalmente, vivimos muy enfocados en el recibir, es común pensar o decir: “yo merezco”, “yo pido”, “yo reclamo”, “yo tengo derecho a”, pero este año tan particular, en medio de las tristezas, la incertidumbre y las pérdidas, nos hizo mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta de que si mi entorno y mis vecinos no están bien, difícilmente yo puedo estarlo, pues la vida funciona en una interconexión armónicamente perfecta, así funciona la economía, así funcionan los sistemas de gobierno en toda su complejidad, así funciona la vida en toda su simpleza. 

Es en estos momentos de adversidad por los que atraviesa la humanidad cuando cobra tanto sentido aquel término de origen sudafricano, proveniente de las étnias Zulú y Xhosa, que trascendió de ser una expresión a convertirse en un código de convivencia, una filosofía en el continente africano. 

Ese término es Ubuntu, una palabra que surge del dicho popular “Umuntu, nigumuntu, nagumuntu” que en Zulú significa “una persona es una persona a causa de los demás”, es decir, “soy, si eres”, si tú estás bien, yo estoy bien y todos estaremos bien. 

El portal español Casa África, señala que Ubuntu “apela a la solidaridad del grupo y, en este sentido, encaja a la perfección con la manera de proceder de muchos pueblos africanos, en el que los individuos se apoyan unos en otros para sobrevivir en entornos normalmente hostiles”.

El obispo anglicano y Premio Nobel de Paz, Desmond Tutu, lo describe de la siguiente manera: “Los africanos tenemos eso que se llama Ubuntu. Trata de la esencia del ser humano (…) Supone hospitalidad, cuidado de los otros, ser capaz de caminar un kilómetro más por otra persona. Pensamos que una persona es persona a través de otra persona, que mi humanidad está atrapada inextricablemente con la suya”. 

Agrega que “cuando deshumanizo al otro, inexorablemente, también me deshumanizo (…) Ser ‘humano solitario’ es una contradicción de términos, de modo que usted trata de trabajar por el bien común porque su humanidad adquiere pleno sentido en el hecho de pertenecer”. 

Esta pandemia despertó en nuestra humanidad ese sentido de Ubuntu, nos llevó a despertar la empatía y el sentido de lo colectivo, llevándonos a ejercitar el músculo del dar, de la solidaridad, que para muchos venía en desuso, y en otros, tal vez estaba siendo atrofiado por la rutina y los afanes de la vida que le impedía detenerse a pensar en las necesidades de los demás. Es así como en este tiempo hace mucho eco la frase que muy contundentemente nos decían nuestros abuelos ‘no hay mal que por bien no venga’.

El poder del dar, esa fuerza del Ubuntu se despertó también en nuestra ciudad, y gracias a esto se lograron sacar adelante iniciativas como la campaña “Entre todos nos protegemos”, liderada por ANDI Bolívar y Colectivo Traso, la cual logró entregar más de 10.500 ayudas humanitarias (entre mercados y bonos), permitiéndole a las familias solventar parte de sus necesidades durante los días de cuarentena.  A esta campaña se vincularon 33 empresas y 134 personas naturales. 

La gran Donatón 48 horas por Cartagena y Bolívar, liderada en alianza entre la Gobernación de Bolívar, la Alcaldía de Cartagena y Colectivo TRASO, también fue una importante movilización de solidaridad, que logró recaudar $13.384.000 millones gracias a los aportes de 77 empresas y entidades, y 1.383 individuos, demostrando que cuando se trabaja en colectivo, todo suma, no hay aporte pequeño, sino un objetivo grande al que todos le apuntamos. 

Actualmente seguimos promoviendo la solidaridad y el trabajo colectivo para lograr hacer la diferencia en medio de esta nueva realidad. Sigue vigente nuestra campaña Tecnología para educar y reciclar, que busca que estudiantes de las instituciones educativas oficiales de Cartagena y Bolívar cuenten con un equipo y acceso a internet para que puedan conectarse a sus clases virtuales, evitando de esta manera la deserción escolar por la interrupción de sus procesos formativos durante la pandemia. 

Otra forma de apoyar proyectos educativos para nuestros niños y jóvenes como becas de educación terciaria, escuelas artísticas y deportivas que fomentan la educación integral o iniciativas en pro de la primera infancia cómo el primer Centro de Excelencia para la primera infancia en Latinoamérica; es a través del Fondo Unido de Traso, en el cual con aportes mensuales se puede contribuir a transformar muchas vidas, familias y comunidades. 

Donar tiempo y compartir habilidades es otra manera de ejercitar el músculo del dar y despertar en nosotros un espíritu de empatía y solidaridad con los demás, generando ese Ubuntu que tanta falta hace en el mundo. Este año Colectivo TRASO incursionó en la modalidad de Voluntariado Corporativo Digital, en el cual colaboradores de nuestras empresas afiliadas y aliadas enseñan a docentes, estudiantes y líderes comunitarios el manejo de las diferentes plataformas y herramientas digitales que facilitan su conexión con la realidad virtual que hoy se ha convertido en nuestro diario vivir a raíz de la pandemia por el Covid19, fomentando con ello el cierre de brechas digitales en medio de la virtualidad.

Mientras el mundo siga creyendo en el poder del dar y en la fuerza de lo colectivo, en TRASO seguiremos trabajando por acercar necesidades con soluciones, articulando esfuerzos, movidos por nuestros propósitos que se conectan con la filosofía del Ubuntu, creyendo que las verdaderas trasformaciones sociales son posibles para todos, con el esfuerzo de todos.

 

Foto de portada tomada de freepick.com

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