“El conflicto no se resuelve imponiendo posiciones, sino aprendiendo a escuchar y construir una tercera opción”: Luis Arturo Rojas

Invitado a la Escuela de Transformación Comunitaria de Colectivo Traso, el experto en negociación y desarrollo socioeconómico reflexiona sobre liderazgo, diálogo y herramientas para transformar los conflictos comunitarios desde la escucha y la construcción colectiva.

En Colombia, los conflictos comunitarios, políticos y sociales siguen siendo una constante en la vida pública y territorial. Desde disputas vecinales hasta tensiones institucionales, muchas de estas situaciones escalan porque no existen herramientas para gestionarlas antes de que se conviertan en crisis. En ese contexto, la Escuela de Transformación Comunitaria de Colectivo Traso busca fortalecer las capacidades de líderes sociales y comunitarios para gestionar las diferencias a través del diálogo, la negociación y la construcción colectiva de soluciones. La iniciativa se desarrolla con el apoyo de Argos, Cabot y Colgas, aliados que acompañan este proceso de formación territorial orientado a promover comunidades más organizadas y capaces de transformar los conflictos de manera constructiva.

En la más reciente de las sesiones de este proceso formativo participó Luis Arturo Rojas Roa, profesional en Relaciones Internacionales y magíster en Planeación y Desarrollo Socioeconómico, quien fue invitado como formador del módulo Gestión y resolución de conflictos. Actualmente se desempeña como presidente de la Corporación Ynga, desde donde impulsa procesos de fortalecimiento organizacional, diálogo estratégico y mediación entre actores sociales, empresariales e institucionales. A lo largo de su trayectoria ha trabajado en el diseño de metodologías de negociación y concertación orientadas a mejorar la gobernanza, la toma de decisiones colectivas y el desarrollo territorial.

“Un verdadero líder no impone su visión: escucha, forma a otros y construye soluciones colectivas.” Luis Arturo Rojas

Colectivo Traso: En el marco de la Escuela de Transformación Comunitaria de Colectivo Traso, ¿qué temas y herramientas están trabajando con los líderes comunitarios en este módulo sobre gestión y resolución de conflictos?

Luis Arturo Rojas (L.A.R.): Con la Escuela de Transformación Territorial estamos entregando herramientas a líderes comunitarios para que aprendan a tomar distancia de los conflictos y a no resolverlos a través de las vías de hecho. La idea es que las personas desarrollen capacidades para gestionar las diferencias con inteligencia, conocimiento y diálogo. Los conflictos aparecen en la vida cotidiana: en el barrio, en el trabajo, en las relaciones productivas o familiares. Lo importante no es evitarlos, sino saber manejarlos de manera constructiva, entendiendo qué los origina y cómo se pueden transformar en oportunidades de aprendizaje y de desarrollo colectivo.

C.T.: ¿Cuáles considera que son las lecciones más importantes que debería llevarse un líder comunitario?

L.A.R.: La principal es entender la diferencia entre un líder y un caudillo. En nuestra cultura política y social hemos formado más caudillos que líderes. El caudillo es autoritario, arrogante, impone su visión y no construye procesos que trasciendan. El líder, en cambio, es alguien que escucha, pregunta, trabaja con su equipo y forma a otros líderes. Su función no es concentrar poder, sino multiplicarlo.

Un líder comunitario tiene que remangarse y trabajar con la gente, enseñar cómo se hacen las cosas y preparar a nuevas generaciones de liderazgo. Cuando eso ocurre, se rompen las dinámicas personalistas y se construyen equipos capaces de sostener procesos de transformación en el tiempo.

C.T.: Usted plantea que no todos los conflictos son negativos. ¿Cómo aprender a verlos como oportunidades de transformación?

L.A.R.:  Existen conflictos negativos y conflictos positivos. Los negativos son aquellos que se manejan desde la violencia o la imposición. En Colombia llevamos siglos enfrentando conflictos que no se han sabido resolver porque las diferencias se han interpretado como amenazas.

Pero también existe el conflicto positivo, que es la capacidad de gestionar la diferencia. Todos pensamos distinto, y eso no es una debilidad sino una fortaleza. El problema es que históricamente hemos tratado al que piensa diferente como enemigo. Cuando entendemos que la diversidad de pensamiento puede articularse para producir soluciones nuevas, aparece lo que llamo una “tercera opción”, una alternativa que no es la de uno ni la del otro, sino una solución construida colectivamente.

C.T.: En territorios donde existen diferencias políticas, sociales o económicas profundas, ¿qué herramientas permiten abrir espacios reales de diálogo?

L.A.R.: El secreto está en saber conversar. Conversar no es imponer ni obligar al otro a ceder. Conversar es escuchar las diferencias y, a partir de ellas, construir esa tercera opción de la que hablábamos.

Para eso se necesitan dos herramientas fundamentales: pensamiento divergente y pensamiento sistémico. El pensamiento divergente permite reconocer que existen múltiples perspectivas sobre un mismo problema. El pensamiento sistémico ayuda a entender cómo se conectan esas perspectivas dentro de un sistema más amplio. Cuando se combinan estas dos formas de pensar, es posible generar conocimiento colectivo y tomar decisiones que realmente resuelvan los conflictos.

C.T.: Desde su experiencia, ¿cuáles son los errores más frecuentes que cometen los líderes cuando intentan mediar en un conflicto?

L.A.R.: El primero es no saber escuchar. En nuestra cultura creemos que escuchar es simplemente oír, pero escuchar implica una actitud activa: preguntar, indagar, comprender qué necesita realmente la otra persona.

También aparecen otros problemas como el autoritarismo, la arrogancia, la desconfianza y el individualismo. Existe un fuerte componente narcisista en la forma como muchas veces se ejerce el liderazgo. Se piensa que liderar es destacarse individualmente, cuando en realidad el liderazgo consiste en conformar equipos y trabajar colectivamente para lograr soluciones.

C.T.: Usted suele insistir en que muchas veces los conflictos aparecen porque no se atienden las necesidades a tiempo. ¿Por qué ocurre esto?

L.A.R.: Porque esperamos a que el problema escale. Toda situación conflictiva comienza con una necesidad insatisfecha. Si esa necesidad no se atiende, con el tiempo se convierte en un problema. Y si el problema tampoco se resuelve, termina convirtiéndose en conflicto.

La pregunta que siempre hago es muy simple, ¿qué es más barato, solucionar una necesidad o resolver un conflicto? Evidentemente es más barato solucionar la necesidad. Pero nuestras instituciones, nuestras comunidades y nuestras organizaciones suelen actuar cuando el conflicto ya estalló, cuando el costo social, económico y político es mucho mayor.

C.T.: Si una comunidad logra aprender a resolver sus conflictos de manera constructiva, ¿qué transformaciones concretas pueden ocurrir?

L.A.R.: La transformación más importante es la creación de nuevos liderazgos. Un verdadero líder tiene la misión de formar más líderes. Cuando eso ocurre, empiezan a surgir equipos de alto desempeño que trabajan colectivamente y no de manera individual.

Las comunidades que desarrollan esa capacidad logran sostener proyectos en el tiempo, fortalecer su organización y construir soluciones más duraderas. Al final, gestionar bien los conflictos mejora la convivencia y, también, fortalece el desarrollo del territorio.

C.T.: Finalmente, ¿qué mensaje le daría a los líderes comunitarios, a las organizaciones y a las empresas que enfrentan conflictos en sus territorios?

L.A.R.: Que aprendan a escuchar antes de reaccionar. Muchas veces creemos que el problema es el conflicto en sí mismo, cuando en realidad el problema es que no sabemos dialogar. Si logramos escuchar de verdad, comprender las necesidades del otro y construir soluciones colectivas, los conflictos dejan de ser una amenaza y se convierten en una oportunidad para mejorar las relaciones, fortalecer las instituciones y crear desarrollo en los territorios.

Ir al contenido